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Los carros de caballos de Nueva York contra los caballos de los carros.

Escrito por Jason Hribal (2014). Traducido por Alicia Díaz Puertas.

Treinta y dos millones de dólares es un presupuesto cauteloso. Esta cantidad de dinero sería el ingreso anual producido por los aproximados 220 carruajes de caballos registrados en Manhattan. Montar durante tres cuartos de millas por Central Park cuesta 50 dólares, y montar con reserva durante 45 minutos cuesta 165 dólares. Durante la temporada alta con cobros adicionales, espera pagar mucho más. Los caballos trabajan nueve horas al día en la línea. Hay 68 carros con licencia. Cuando haces los cálculos, ves claramente porqué los dueños de los carruajes quieren desesperadamente mantener a sus caballos trabajando para ellos.

La organización “Save NYC Horse Carriages” recientemente publicó un cortometraje narrado por el actor Liam Neeson. Apoyando por completo a los dueños de carruajes y operadores, lo que emerge de la filmación son esencialmente cuatro temas. Cada uno de estos temas son significativos y merecedores de consideración.

Neeson empieza al principio de la filmación contándonos que los caballos ayudaron a construir el mundo moderno. Tal y como declara un conductor de carruaje más tarde, fueron los caballos quienes construyeron la ciudad de Nueva York. Esto es verdad. En el siglo XIX solamente, había diez millones de caballos trabajando en toda ciudad, en toda granja, y en toda mina. Fueron globales, estaban en cualquier lado en el que mirabas, y en cantidades que sencillamente son incluso difíciles de comprender. Su trabajo creó nuestra sociedad y produjo un nivel de riqueza que probablemente ni siquiera se pueda medir.

Después la filmación continua describiendo esta histórica relación entre los humanos y los caballos como una relación de compañerismo. Esto no es verdad. Para mi disertación, investigué cuatrocientos años atrás, aproximadamente desde 1600 hasta el presente, examinando las relaciones entre los humanos y los animales de trabajo. En el caso de los caballos y aquellos que los usaban para sus labores, era muy raro alcanzar algún tipo de amistad o compañerismo. Fue maravilloso encontrar esta clase de información, pero esta era la excepción que confirmaba la regla si para los granjeros, leñadores, carreros, navegantes, mineros o molineros de algodón, su principal relación con los caballos era explotadora. Las actitudes abarcaban desde la indiferencia hasta hostilidad y el sadismo. Se basaba solo en trabajo y en acabarlo. Estos individuos ya mencionados fueron los únicos que supervisaron que los caballos hiciesen solo eso. Esta era la regla.

“Teamsters Union” (Unión de camioneros) recientemente ha hecho público su apoyo a los que conducen carruajes en la ciudad de Nueva York. Esto es lo más edificante porque lo que probablemente no sepáis es que los “camioneros” originalmente se trataban de los tiros de caballos que transportaban los bienes por los Estados Unidos. Eran estos tiros los que hacían el trabajo y sacaban beneficio. Los conductores eran una gerencia media y su trabajo consistía en hacer trabajar a los caballos duramente, durante más tiempo y más rápido. De hecho, los salarios de los tiros dependían de esta disposición. Es muy irónico que los tiros con el paso del tiempo decidirían tomar el nombre de camioneros para ellos. Claramente, dos cabezas de caballos se presentaban en el logo de la unión pero los caballos propiamente dichos no tenían nada que ver. Continuaron trabajando hasta que dejaron de ser productivos. Su trabajo final era convertirse en algo esencial. Significativamente, la actual página web de los camioneros contiene unas cuantas fotos de caballos tirando de los carros y del estilo, pero su historia, su labor, y la riqueza que generaron están completamente ausentes de mención.

Esta principal relación no ha cambiado. Los carruajes de caballos de la ciudad de Nueva York trabajan tirando de los turistas por Central Park y Time Square. Los conductores manejan este trabajo. Su trabajo, de hecho sus salarios, proviene de hacer trabajar a los caballos duramente, durante más tiempo y más rápido. Más vueltas equivalen a más dinero, tanto para ellos mismos como para los dueños de los carruajes. Esto no va de compañerismo.

En 2007, la oficina auditora de la ciudad de Nueva York examinó la política de la ciudad respecto a los carruajes de caballos. Se encontraron con que la ciudad había abandonado la mayor parte de sus obligaciones respecto a la vigilancia de los caballos permitiendo así que los dueños y conductores mantuvieran “condiciones de calidad inferior”. El departamento de salud, supuestamente encargado de revisar e inspeccionar la salud de todos los caballos, no lo había hecho durante un periodo de no menos de 21 meses. La inspección continuó exponiendo que a los mismos caballos no se les proveía suficiente agua durante las horas de trabajo. En el sur de Central Park, por ejemplo, no había fuentes diseñadas, faltaba sombra por lo general, y tampoco había un drenaje apropiado. Los caballos fueron forzados a mantenerse en sus propios desperdicios. Además, en la inspección se descubrió que los dueños les proveían un “cuidado veterinario negligente” y que en realidad estaban falsificando certificados de salud. Solo en el periodo aproximado de un año, 57 de 135 certificados eran falsos. Mientras los caballos tenían los mismos números de licencia, diferían “en año, color, estirpe, nombre, y en una instancia, género”. En otras palabras, los dueños estuvieron agotando a los caballos furtivamente y sustituyéndolos por otros nuevos. Esto es explotación. Se trata de mantener los costes al mínimo e incrementar la producción al máximo para extraer el mayor beneficio posible.

De vuelta al cortometraje, se habla sobre continuar una tradición. Neeson ha dicho que los caballos siempre están “muy felices y saludables en sus horas de trabajo”. He escuchado esto mucho y en muchos lados. Para aquellos que pensabais que la protesta ética solo se aplicaba a los humanos, no podríais estar más equivocados. Todos los animales trabajadores tienen que involucrarse con esta ideología. Los caballos, las ovejas, las vacas y los cerdos se han visto muy involucrados desde que han sido domesticados. Nunca podrían vivir por sí mismos. Su existencia se basa en trabajar para los humanos. Pero tenemos que preguntarnos, ¿es esto cierto?

La definición de domesticación en sí misma ha experimentado cambios importantes con el paso de los siglos. Originalmente significaba familiarizar a un miembro. Ésto lentamente con el paso del tiempo se llegaría a definir más como ser atado a una casa y unas obligaciones. Nuestro significado más moderno, dominar o tener bajo control, no apareció hasta alrededor de 1641. Curiosamente, fue aplicado en primer lugar a los irlandeses, debido a que fueron controlados por el imperialismo británico, y solo mucho más tarde a las ovejas en 1805. Ninguna de estas definiciones, de hecho, originó ninguna distinción entre humanos y otros animales. Todos estaban incluidos: hombres, mujeres, niños, caballos, vacas y ovejas. La división, donde la palabra solo se aplica a los seres no humanos, apareció muy recientemente.

Pero sin importar qué definición escojamos, ninguna de ellas significa la desaparición de la agencia. La historia de mi vida laboral ha sido probarlo: de descubrir la resistencia a recalcar la autonomía. Siempre ha estado ahí. Tan solo tienes que buscarlo. En los Apalaches de Kentucky se pueden encontrar caballos salvajes. En el municipio de Harlan estuvieron viviendo durante décadas. Se pueden encontrar más también por la zona de Pikeville, donde se empiezan a formar comunidades más nuevas. Todos estos caballos fueron domesticados y vivieron en granjas, generación tras generación. Pero llegados a un punto, les dejaron ir o simplemente les abandonaron. Tras el más reciente colapso económico, cientos de ellos fueron abandonados. Los caballos, sin embargo, salieron adelante. Ellos, tal y como sus lejanos antepasados del oeste hicieron una vez, aprendieron a sobrevivir. Forman sus propias comunidades y desarrollan su propia cultura. Unos 4000 caballos viven autonómicamente en el Danubio delta de Rumanía. Cuando el régimen comunista colapsó, muchos granjeros y aldeanos soltaron a sus caballos. Estos caballos trabajadores dejaron atrás sus arados, carros y carruajes y aprendieron a vivir por sí mismos. Sin humanos, han prosperado. De hecho, para cada tipo de animal domesticado existe su contrapunto: las comunidades cimarronas.

Neeson cierra el film afirmando que está en juego el honor. A los dueños de los carruajes y los conductores, por ejemplo, les gusta recalcar que los caballos reciben 5 semanas de vacaciones al año, que es cuando se les manda fuera de la ciudad para llevarlos a pastar. En cierto modo esto suena suficientemente decente, pero hay dos grandes problemas. En primer lugar, estas vacaciones empezaron a ser mandadas por la ciudad en 2010 tras el escándalo causado por la publicación de la investigación del auditor. Esta decisión no fue tomada por los dueños de los carruajes o los que los conducen. En segundo lugar, dudo incluso que los caballos tengan tantas vacaciones. La mayor parte de los carruajes de la ciudad de Nueva York son antiguos caballos de tiro de los Amish. Los Amish les hacen trabajar en sus años productivos, beneficiándose enormemente de su labor. solo entonces los Amish los venden, o los alquilan a la industria del carruaje. Durante esos periodos de vacaciones, muchos de los caballos acababan siendo devueltos a los Amish, quienes apostaría que también hacen trabajar a los caballos todavía más o los subarrendarían. Se ha observado que cuando los caballos vuelven de esas supuestas vacaciones a menudo se ven más delgados y más cansados de lo que estaban antes de marchar. Cuando el caballo termina de tirar de los carruajes acabará más probablemente, por no decir seguramente, encontrándose con un comprador asesino que los venderá para la matanza. Con una tasa anual de pérdida constante de productividad del 30%, son unos cuantos caballos los que mueren por año. No veo nada de honor en eso. Solo hay avaricia.

La antropomorfización es un acto político. Siempre nos dicen que no lo hagamos, y nos lo dicen por todos los tipos de medios. En respuesta a la posible prohibición, Harry Werner, ex presidente de “American Association of Equine Practitioners”, avisó de que los críticos de la industria del carruaje eran culpables de antropomorfización. “Se encuentran en una circunstancia en la que no querrían trabajar, y piensan que los caballos tampoco querrían”. Puedo entender este miedo, por eso de que tales acciones puedan desarrollar diferentes clases de relaciones. Los dueños de los carruajes tienen 32 millones de razones para tener miedo de semejante desarrollo. Así que le digo al alcalde de la ciudad de Nueva York De Blasio que pienso alzarme en contra de la industria y de sus seguidores, como los de la organización “Save NYC Horse Carriages”. Díles que los carruajes son solo instrumentos de trabajo. Entonces, te pondrás del lado de aquellos quienes realmente hacen el trabajo y tiran de esos carruajes. Los caballos ya han hecho suficiente por la ciudad de Nueva York. Ellos la construyeron. Sufrieron por ello. Murieron por ello. Ya basta. Cada uno de los 200 caballos registrados que trabajaron tirando de los carruajes merecen un retiro a un buen santuario. ¿Quienes pagarán por ello? Dejémoselo a los dueños de los carruajes. Los caballos generaron ese dinero de todas maneras. Esa es la definición de honor.

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